Te miro con asombro, ya que originas en mi interior una incierta conmoción de libertad, de huida. De necesidad de partir sin equipaje. ¿Quién puede desaparecer con la lluvia? En tu mundo no convergen aquellos ingredientes prosaicos del resto de inhóspitos universos, y es por eso que no pienso ya más que en la distancia proscrita por mi alma, ya que tú me unes a la realidad. Y advierto, incansable, que cada instante transcurrido me voy acercando más a ti. En la penumbra me gusta contemplarte, mientras la oscuridad de las sombras de la mañana te delata incierta. Eres solitaria en el camino, pero yo seré siempre tu compañero, mientras gritas que me aleje contigo, que examine incomprensibles rumbos, en el momento que me pides que me disipe en los cielos, y en las veredas ya ensombrecidas por el incipiente invierno. El reloj, inmóvil desde su lejanía, nunca dejará escapar nuestro tiempo.Buscar este blog
13 de diciembre de 2010
Tu tiempo
Te miro con asombro, ya que originas en mi interior una incierta conmoción de libertad, de huida. De necesidad de partir sin equipaje. ¿Quién puede desaparecer con la lluvia? En tu mundo no convergen aquellos ingredientes prosaicos del resto de inhóspitos universos, y es por eso que no pienso ya más que en la distancia proscrita por mi alma, ya que tú me unes a la realidad. Y advierto, incansable, que cada instante transcurrido me voy acercando más a ti. En la penumbra me gusta contemplarte, mientras la oscuridad de las sombras de la mañana te delata incierta. Eres solitaria en el camino, pero yo seré siempre tu compañero, mientras gritas que me aleje contigo, que examine incomprensibles rumbos, en el momento que me pides que me disipe en los cielos, y en las veredas ya ensombrecidas por el incipiente invierno. El reloj, inmóvil desde su lejanía, nunca dejará escapar nuestro tiempo.27 de noviembre de 2010
Un árbol, un hijo y un libro.
Dicen que para trascender en esta vida hay que haber plantado un árbol, tener un hijo, y escribir un libro... como si fuese tan fácil, y eso que hablamos de un mínimo, tan solo un punto de partida. Si consigues plantar un bosque, tener familia numerosa, y escribir una enciclopedia, seguro que debe ser ya la bomba.Siempre he creído que este dicho era una forma de trascender más allá de nosotros mismos, pero también de hacer algo por la naturaleza en el primer caso, algo por la humanidad en el segundo, y finalmente algo por uno mismo. Porque si en los dos primeros objetivos trabajamos para los demás, además de para la propia satisfacción, en el hecho de escribir un libro centramos todo el hedonismo personal del que somos capaces. Porque disfrutamos mientras lo escribimos, y también, a veces un poco secretamente, cuando lo vemos finalmente realizado. Y si al final lo publicamos, entonces nos sentimos inmensamente orgullosos de nosotros mismos, y el que lo niegue solo juega a la falsa modestia, lo hace tan solo para despistar. Y ya se que alguien me dirá que para poder tener hijos también disfrutamos, y en mayor medida que escribiendo, y lo acepto, no soy tan snob, pero a los libros no hay que cambiarles los pañales, ni te despiertan diez veces todas las noches, ni hay que llevarlos urgentemente al médico con fiebre. Como mucho se les saca el polvo de vez en cuando.
En fin, que dicho lo anterior, yo ya he pasado a formar parte del club de los trascendentes, ya que hace años planté un árbol, ya he tenido hijos, y ahora acabo de publicar un libro. Y aunque no me he atrevido a llevarlo a una editorial y lo he editado personalmente, es un repaso de algunos de los cuentos que he escrito a lo largo de mi vida...¡ah!, si, y pido perdón por adelantado por si alguien se siente defraudado, pero lo que escribo forma parte de como soy, así que quien me lee está conociendo mucho de este pobre autor. Espero que sea una buena lectura para quien finalmente se arriesgue a comprarlo: http://www.lulu.com/spotlight/labodegadelgaleon
En fin, que dicho lo anterior, yo ya he pasado a formar parte del club de los trascendentes, ya que hace años planté un árbol, ya he tenido hijos, y ahora acabo de publicar un libro. Y aunque no me he atrevido a llevarlo a una editorial y lo he editado personalmente, es un repaso de algunos de los cuentos que he escrito a lo largo de mi vida...¡ah!, si, y pido perdón por adelantado por si alguien se siente defraudado, pero lo que escribo forma parte de como soy, así que quien me lee está conociendo mucho de este pobre autor. Espero que sea una buena lectura para quien finalmente se arriesgue a comprarlo: http://www.lulu.com/spotlight/labodegadelgaleon
18 de noviembre de 2010
La razón
Dos niños muy pequeños se pelean por una pelota. Uno la ha encontrado sin dueño, huérfana, mientras que el otro, al darse cuenta de que un intruso la tiene entre sus manos, la disfruta, reclama su posesión, ya que se la han regalado hace poco. Este cree tener la razón ya que su tío se la ha entregado en persona, mientras que el primero cree que la razón es suya ya que nadie la poseía cuando él la vio. Cada uno de ellos cree tener, por supuesto, la razón.Es interesante el tema de la razón. Y me refiero a la cuestión fundamental de preguntarse quién tiene la razón. Porque, para el común de la gente , parece fundamental tener la razón, esa razón absoluta que tanto nos gusta poseer. Es incuestionable, bajo mi punto de vista, que hay tantas razones como personas que opinan sobre algo. ¿Razón absoluta? Resultaría absurdo pensar que alguien tiene la razón absoluta en algo, por mucho que creamos, o estemos seguros, que vemos con claridad meridiana las cosas. Y es que también es irrefutable, dicho con toda la humildad del que sabe que suele fallar en sus apreciaciones, que hay infinitos puntos de vista, ya que hay infinitas apreciaciones. ¿Existe, pues, el hecho objetivo? Desde luego, ya que las cosas que son, lo son porque existen en este mundo. Pero, ¿realmente existe un solo mundo, una sola realidad? Hace años, yo creía que si, pero siendo un adolescente me hicieron cambiar de opinión. Existen tantos mundos, realidades, como personas que las ven. Y estas realidades existen porque las creamos nosotros, ya que nuestro cerebro elige la información que recibe a través de los sentidos, precisamente para no bloquearnos en el proceso de percepción de la realidad. Así, cuando vemos lo que creemos es una realidad irrefutable, no hacemos más que crear una imagen imperfecta del mundo, creando precisamente un mundo irrealmente personal. Por esto, no creo que sea bueno enrocarse en las propias razones sin comprender las de los demás, por muy infundadas y contrarias a las nuestras que las veamos. Vivimos en un mundo en el que se cruzan muchos mundos personales, y que finalmente se entrelazan, se contactan, como si de pompas de jabón se tratasen, creando una conciencia global, una complejidad superior que nos enriquece a todos. Intentar comprender las razones de los demás, hablarlas, y oír sus explicaciones, nos hará ver mucho más nítidamente la verdad de lo que lo haríamos si solo nos quedamos con lo que pensamos nosotros mismos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)