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14 de febrero de 2014

Hay muchos catorce de febrero

Beatriz se retocó coquetamente el pelo,y se alisó con cuidado la falda plisada, para luego sorber un poco de cafe recién hecho. Miró casi distraida por la ventana,frios los cristales como sus mejillas coloreadas,mientras veia caer las gotas de lluvia que salpican febrero y tambien su estado de ánimo. Qué difícil es esperar ver pasar, por primera vez, el amor a los ochenta.

31 de diciembre de 2013

Los buenos amigos también tienen efectos secundarios

Hoy que acaba el año,quiero recuperar un artículo que escribí hace mucho tiempo, pero sobre el que aún hoy estoy íntimamente de acuerdo. Eso si,he ampliado el final. La experiencia te hace crecer. Lo dicho:
Si, lo se, parece que siempre le esté dando vueltas a las mismas cosas. Pero, ¿qué más puedo hacer, si lo que siento y me pasa versa sobre los mismos temas? Desconozco cual es la verdad de todo, aquella que me haría auténticamente feliz, y creo que en eso me parezco al resto de los humanos que poblamos esta esfera azul, y sin embargo, cuanto más intento escarbar en los sentimientos de los que me rodean, mayor es mi desesperanza para encontrarla. Sería algo así como cuanto más intento descubrir a mis amigos, más los desconozco. Porque, bien mirado, nuestros amigos son una subespecie dentro de la especie humana. Son seres que nos rodean, muchas veces sin hacerse notar, y que, si son de verdad, están ahí siempre que los necesitas. Pero también están los falsos amigos, parásitos que huyen de tus problemas como si estos fuesen la penicilina. Por eso, no hay nada mejor que vacunarse contra ellos, y para hacerlo es importante empezar pidiéndoles un favor. Si son amigos de verdad, te escucharán, sufrirán por ti con tus problemas, y finalmente se ofrecerán para lo que haga falta. Si son parásitos, te oirán pero no te escucharán, ya que se habrán quedado muy al principio, pensando qué les vamos a pedir, sufrirán, pero no por tus problemas, sino por cómo les afectarán estos a su tiempo o a su cartera, para finalmente hacerte ver que están en terribles problemas económicos, o que mañana marchan de vacaciones. Esos falsos amigos, subespecie que fagocita todo lo que pueden sacarte, negándose luego a devolvértelo, abundan más de lo que nos pensamos. Y sin embargo, como las bacterias, son inevitables. Y tienen efectos secundarios. Normalmente, después de haber descubierto su presencia, y sin darte tiempo a ir al médico, te dejan como secuela cara de tonto, la boca abierta, y lo que es peor, una tremenda desilusión dentro del alma.
Y también están los amigos de verdad, aquellos que te sorprenden cuando no lo esperas, que te ayudan y se ofrecen sin dilación, y que a pesar de pensar diferente en muchas cosas, anteponen sus sentimientos a su ego.
A estos, sencillamente, protégelos este nuevo año, que no abundan demasiado.

22 de octubre de 2013

La duda humana.


Nunca se está seguro de nada, señor Kellergan. Por eso la existencia se vuelve muy complicada a veces. Esta frase es de "La verdad sobre el caso Harry Quebert", el libro que estoy devorando estas últimas noches, y solo leerla me hizo reflexionar sobre su sentido real sin acabar de saber porqué. Claro que como casi siempre, me fui a dormir sin llegar a ninguna conclusión clara, pero un ruido insospechado en medio de la madrugada me despertó y en ese estado de semi inconsciencia transitoria que tanta claridad da, di con la pequeña clave de lo que me había llamado la atención del párrafo. Y no es otro tema que la duda. Aquella que nos atenaza, pero que también de rebote nos sumerge en el exceso de duda, y que nos imposibilita avanzar, tomar decisiones. Aquella duda que se presenta cuando calculamos riesgos, cuando tenemos que decantarnos por una solución o por otra. Una duda irreflexiva, que no se deja convencer, porque es tan difícil salir de ella, moverse ni un poquito. Porque la duda, esa insana, la que nos hace perder oportunidades que posiblemente ya no volverán a presentarse, no es más que el reflejo del miedo. Miedo a equivocarnos, a sufrir las consecuencias de ese posible error futuro, como un boxeador con terror a los guantes del contrario. Pero si aún parece poco, el miedo es una consecuencia de nuestra inseguridad. Por lo tanto, duda, miedo e inseguridad son la misma forma de expresar algo tan inherente al ser humano, y que no es otro que la necesidad de ser únicos para quienes nos rodean. ¿Seré buen padre?¿Buen amante?¿Buena pareja?¿Qué esperan los demás de mi?. Lo único que responde a esas preguntas es ser uno mismo, y que los demás nos valoren bajo ese mismo prisma de nuestra libertad de elección, y sobre todo hacerlo nosotros con los demás. No esperar demasiado de los que nos rodean ni querer demostrar lo que no somos. Si nos paramos, nos dejan en la estación, y el reloj sigue corriendo y no sabemos si pasarán más trenes.
Y después de reflexionar sobre todo esto, no pude conciliar el sueño hasta que sonó el despertador, así que no me juzguéis por esto.