Buscar este blog

26 de junio de 2013

De infamias e injurias.


Hace ya meses que no escribo en este blog. Bueno, seguramente, y si soy sincero, hace ya meses que no escribo en general. No es por falta de ganas, que me encantaría, si no por falta de motivación. Si, aquel intangible que hace que cualquier cosa de nuestra vida, por insignificante y efímera que se nos presente, sea una buena excusa para dejar de hacer algo que en el fuero interno creemos que puede ser más importante. 
Si pensamos detenidamente en los motivos que nos impulsan a saltarnos nuestro gusto natural por el inmovilismo, por la hibernación personal en la que caemos con frecuencia, muchas veces no son cosas importantes a ojos ajenos, sino impulsos sitmémicos que proceden de motivaciones internas más allá de lo lógico. 
Yo, últimamente, solo escribo breves hablando mal de los políticos en general. ¿Irracional?, si, ¿justo?, con todos no se, pero una buena parte de ellos me demuestran cada día en las páginas de los diarios que o no merecen ocupar el cargo que ocupan, o solo están allí para tener trabajo fijo, ganar dinero fácil o enriquecerse si llegasen a un cierto nivel, lo que llamaríamos el colofón del poder. 
Se que puede que no sea justo en mis apreciaciones, pero igual que para ellos todos los ciudadanos pasamos a ser votantes, y eso en el mejor de los casos, que solo pueden reclamar su derecho a la queja cada cuatro años y cambiar entre siempre los mismos perros con distintos collares, yo tengo derecho a que para mi los políticos representen posibles corruptos desde el momento que asumen su cargo. Solo me queda, a la vista está, el recurso infiel de la pataleta.
De infamias el mundo está lleno. De las injurias, es fácil hacerse eco. De políticos incapaces y presuntuosos, estamos demasiado bien servidos en este país. Así que tal vez algún día podamos elegir en libertad entre los que nos representan sin necesidad de cogernos la cartera por si ellos nos la roban, cuando existan las listas abiertas. Aunque bien pensado, a este paso no va a quedar nada dentro. Ni tan siquiera nuestra dignidad, que ellos la suya ya parecen haberla perdido.

18 de febrero de 2013

Tu reflejo perdido.

He vuelto a cerrar todas las ventanas, como siempre hacía antes de ti, hasta que solo la penumbra me acompañase. Casi a oscuras, me he dirigido delante del espejo, allí donde tantas veces te he intuido, te he visto,detrás de mi propia imagen, mirándome desde tus ojos pintados en el difuso reflejo.
Hoy, sin embargo, por primera vez en tanto tiempo no te he visto, y ahora, se por fin que tal vez nunca hubieses estado allí. Te he buscado en tantas otras miradas, en tantos rostros, que creí que alguna vez realmente te había encontrado. Pero ya he comprendido, por fin ahora, que solo veía pequeños pedazos imperfectos de ti en cada uno de ellos, y que aquello que realmente buscaba, nunca lo encontraría completo en nadie más. Tantos rostros y ninguno eras tu. Tanto tiempo engañado, imaginando que te podia retener, y solo eras una ilusión escondida detras de un deseo. Nunca te encontraré por mucho que te busque. Ya no estás, eso ahora lo sé, así que solo queda abrir las ventanas de mi vida y decirte adiós. Nunca serás real, porque siempre has sido un imposible sueño perfecto. Tan solo un deseo desvanecido que no me ha permitido alcanzar la realidad. Hasta ahora.

29 de diciembre de 2012

El muro infranqueable.


Desde niños nos enseñan que hemos de decir la verdad. Nuestras madres y nuestros padres, núcleos unívocos de la familia, sea esta unicelular o pluricelular, e incluso multicelular, que todos los postulados son válidos excepto para la santísima iglesia católica, nos inculcan el deber de la confesión verdadera ante sus preguntas, sin explicarnos que lo que más desean, realmente, es que no les mintamos a ellos. Sin embargo, es pronto, todavía en la más tierna infancia, cuando se desmontan sus teorías ante nuestros ojos cuando, alejados de toda malicia, se nos ocurre decir lo que piensan nuestros progenitores de los amigos, o les dejamos con las partes al aire al descubrirlos en una contradicción. Entonces, y es a partir de ese justo momento que nos damos cuenta, nos tratan como pequeños traidores que tenían que haberse enterado autodidactamente que no podíamos decir la verdad. Es como Eva y la manzana, te desnudan de aquella inocencia que te han inculcado tan ferreamente y que ahora parece molestarles tanto. Contradicciones de adultos que tu no entiendes, te dicen en el mejor de los casos, y que tu repetirás con tu progenie, ya que la naturaleza humana es la que es.
Por eso, al llegar a la adolescencia, y a partir de aquí más allá, aprendes que las mentiras forman parte de tu vida. ¿Porqué mentimos? Bueno, lo hacemos porque la verdad que ocultamos, si se supiese, nos llevaría a no ser comprendidos, o a perder lo que tenemos, o a herir a otros, o sencillamente a ser juzgados injustamente. He dicho otras veces que la mentira es un acto lícito de defensa ante las miradas intolerantes o ante alguien, o algunos, que nos pueden dañar. Ciertamente me reafirmo en ello, pero también creo que existe mucho de lúdico en la mentira, cuando esta forma parte de un acto social. Hay gente que la puede utilizar para engañar, es cierto, pero también es utilizada para aparentar, o simplemente para herir. También está la mentira inconsciente, que está basada en intuiciones sin confirmar, y que dicha y utilizada por personas egoístas pueden hacer daño a terceros. Sin lugar a dudas, encontraremos la mentira auto defensiva, esgrimida por miedo a las consecuencias de lo que hacemos, o la no menos afamada mentira piadosa, que es aquella que utilizamos cuando nos creemos en posesión del don de decidir si otro ha de saber o no alguna información, utilizada básicamente en enfermedades y males de amores.
En definitiva, la mentira no es algo intrínsecamente malo, si no que es su uso la que la convierte en detestable, o no, por lo que las personas, los grupos, somos finalmente responsables de su utilización positiva o negativa, y de que haya gente que la tenga que utilizar como un muro infranqueable de silencio que salvaguarde su intimidad ante ojos ajenos, aficionados a llenar su vacía soledad con la vida de los demás.