
Sin embargo, este año me ha dado por pensar, y mira que no suele ser habitual, y he decidido que a partir de hoy voy a celebrar mi cumpleaños, nacimiento, natalicio, o como narices se le quiera decir. ¿Alguna razón especial para que un número tan poco llamativo como el cuarenta y seis implique un punto de partida? La verdad es que no. Tampoco lo fueron el veinte, ni el treinta ni el cuarenta, así como tampoco el cuarenta y cinco. ¡Si ni siquiera fue especial el dieciocho! Solo es que hoy, si, hoy, me he dado cuenta que vale la pena celebrar que hace ya tanto mi padre y mi madre decidieron que estaría bien ver nacer una nueva vida. Y porque sé que esa, mi vida, mi llegada a este mundo, influyó en las suyas, así como después en la de más gente. En algunas mucho, en otras solo un poquito, en otras solo un instante. Y tanta gente que ha influido en la mía, y a la que agradezco el haberla enriquecido. Gracias a todos los que han desfilado en mis cuarenta y seis años de trayecto, y a los que van a acompañarme en los siguientes que han de venir. Gracias a vosotros por aguantarme como soy, ya que a estas alturas cambiar me resultaría imposible...¡Huy!, es verdad, que hay quien dice que no hay nada imposible a pesar de los pesares. Un abrazo a todos.