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15 de noviembre de 2011

Inglaterra y sus ingleses.

Acabo de llegar de Inglaterra, más concretamente de Nottingham, y la verdad es que puedo decir con total rotundidad que ha sido toda una experiencia. Ver a Marina después de dos meses, pasear por su Universidad, conocer un estilo de vida y arquitectónico radicalmente diferente, levantarte cada mañana con el cielo gris, acabar de comer de noche, lo que ha hecho tener la sensación de cenar dos veces cada día, han sido parte de lo que me llevo de recuerdo. Bueno, eso, y lo cara que es la vida en el norte de Europa para un ciudadano del sur. Y a pesar de los hermosos paisajes otoñales, de los castillos e iglesias, de sentirte un poco en la Edad Media (que no en la Tierra Media, que casi), lo que realmente me pareció más increíble fueron las personas. Y no me refiero con esto a las personas en general, que las hay como en todos sitios, sino a los casos puntuales. Puedo explicar, sin ir más lejos, en el avión de ida tuve un azafato. ¿se puede llamar así al auxiliar de cabina?, que se paseaba por el estrecho pasillo enseñando, para vender, off course!, calendarios de azafatas en bikini y tabaco, vaya tortura e ironía para los fumadores, con cara de estar paseando por la playa vendiendo latas. Luego, en el tren de Birmingham a Nottingham, estuvo pasando un auxiliar con un carrito con bebidas. Hasta aquí todo normal. Sin embargo, no lo era tanto que el mencionado pasase cantando con un tono a lo Hannibal Lecter el repertorio de cafés, tés y wiskies en lata. Memorable, verdad, pero lo hacía con cierto aire psicópata, que hacía que mirases sus bolsillos en busca de un cuchillo cada vez que devolvía el cambio, para luego respirar aliviado una vez que sacaba las monedas. Al llegar al hotel, y para rematar el día, en la recepción me encuentro que tengo que entenderme con un inglés que parece sacado de Hotel Fawlty. Dios, ¡qué labia!, parecía no acabar nunca de hablar con aquel acento cerrado.
Encima tuve la suerte, o como se quiera ver, de encontrarme durante estos días a gente que hablaba por teléfono consigo misma pero sin aparato, o a una anciana que llevaba un ratón de peluche de cara a la ventanilla, y al que le enseñaba todo el paisaje del recorrido en autobús hasta Sherwood, más de una hora. O un restaurante español de tapas en el que nadie, nadie, era español ni lo hablaba, e incluso la camarera con la que tenías que entenderte parecía sacada de un grupo de gospel más que de un cuadro flamenco.
Vamos, que como diría Obelix, están locos estos ingleses...

2 de noviembre de 2011

Soy Libre,Soy Blogger


Este es un manifiesto que una buena amiga mía difunde por el mar de Internet, en busca de apoyo para que la libertad del creador que escribe en un blog no sea coartada por cortapisas estúpidas. Desde luego, os aseguro que es toda una luchadora, por eso difundo su mensaje, porque se lo merece.

Este Manifiesto nació, la "noche de las teclas" el pasado 18 de Febrero de este año (2007), fué escrito y pensado por mi amigo "Víctor Solano", cuando , y personalizo, me "hackearon" mi "cuaderno", como a otros "bloggers".


Hasta la fecha no he podido adherirme, pero así como me adhiero a cualquier manifiesto, que luche a favor de los Derechos Fundamentales, y la Libertad de Expresión. Me uno a él, aunque haya cambiado frases, de ese Manifiesto, para eso sirve la Libertad de Expresión..


Las siguientes líneas son una invitación para que autores de "cuadernos de bitácoras" en todo el mundo hispano se adhieran libremente en caso de encontrar afinidad con su contenido. Puedes copiarlo, modificarlo, agregarle premisas o quitarle aquellas que no consideres pertinentes; cambia los verbos o cualquiera de las palabras que te disgusten para que llegue a un texto con el que te sientas plenamente identificado.


Puedes citarme o no, no busco efímeras glorias ni más tráfico, sino que la idea de la Libertad de Expresión y los Derechos Fundamentales se expandan como vapor en el aire. Hasta en eso creo que deber haber completa libertad.



Como autor de mi "cuaderno de bitácoras" soy respetuosa de la palabra. Abrazo la libertad, como lucha para seguir viviendo en democracia. Soy mi palabra. Soy coherente entre lo que pienso y lo que siento, así como con lo que digo y lo que hago. Reitero con mi "cuaderno de bitácoras" mi deseo de expresarme libremente, de expresar lo que quiera con responsabilidad. Soy independiente de mis intereses y dependiente de mis principios. Siempre, mis lectores los conocerán de manera transparente. Al mantener mi "cuaderno de bitácoras" soy consciente de que pertenezco a un entorno ante el que tengo derechos y obligaciones. Haré saber mis derechos y acataré mi obligaciones. Mis palabras tienen tanto peso que no necesitan su defensa con acciones, más allá de las palabras. Repudio públicamente los ataques a mi "cuaderno de bitácoras" o a cualquiera de los presentes en la Red. Si ataco por las vías de hecho las obras de los otros, estoy admitiendo mi imposibilidad de argumentar, mediante la palabra. Respeto a los demás, tanto como a mi misma. A pesar de las distancias respiro el mismo aire que los demás y eso nos pone en el mismo nivel. Formo parte de una generación que, sin importar la edad, aprendió a expresarse libremente en medio de un mundo hostil y poco reconocido. Es algo que he ganado y que no estoy dispuesta a perder. Puedo ser militante en cualquiera de los extremos del pensamiento, de las creencias y debo poder tener la certeza de que no seré agredida por ello. Es uno de los Derechos Fundamentales, más mancillados. Y lucharé porque ello no sea así. Puedo equivocarme muchas veces, pero siempre tendré la humildad de reconocer mis errores. Y pedir disculpas, eso no nos hace menores a los ojos de los demás, si no al contrario, nos engrandece. No me permitiré difamar en contra de nadie, ni que me difamen. Salvo que obren certezas y no meras cábalas. Haré este texto mío con o sin estas palabras. Cada cual podrá adherir a él con las palabras que sienta más cercanas a su forma de expresión. Mi compromiso con la Libertad De Expresión y los Derechos Fundamentales es irrenunciable e inembargable; no transijo en ello. Pertenezco a este planeta, el mismo en el que muchos han muerto por la defensa de la libertad en el amplio sentido de la palabra; tal vez no dé mi vida por mi "cuaderno de bitácoras", pero entregaré todas mis fuerzas por la tolerancia a la palabra ajena. Soy libre, soy blogger

Memoria De Una Desmemoriada (memori@)

21 de octubre de 2011

Las brujas de Salem.

Se acerca Halloween, y en estos días solemos encontrar referencias constantes a todo lo sobrenatural, monstruoso o de ultratumba. Si bien es cierto que estas fechas cada vez tienen un mayor seguimiento, la gente ha parecido olvidar que no son tradiciones arraigadas en la cultura milenaria de la vieja Europa, sino que provienen de la bicentenaria del otro lado del atlántico, donde se mezclaron ritos y celebraciones diversas
Sin embargo, y después de este estéril y personal alegato en favor de la tradición del lugar de cada uno, y pensando que la única manera de salvar lo de siempre es combinarlo con lo nuevo y conseguir un mixto, y no hablo en este caso de comida, sí que hay un hecho que siempre me ha llamado la atención de la festividad americana, y no es otro que la historia del juicio de las brujas de Salem. No tanto por los hechos en sí, que fueron el brutal ajusticiamiento de unas mujeres acusadas de brujería, sino por el trasfondo social que se desprende de aquel acontecimiento horroroso. Porque detrás de cualquier acto de injusticia humano subyace el miedo, el rencor, la incomprensión o la desconfianza. O tal vez todos al mismo tiempo. Desde que la humanidad existe, parece tendencia natural el creer que los actos del prójimo esconden una motivación oculta, siempre maléfica contra nosotros, que hace que pensemos que cualquier cosa es una agresión en contra nuestra. Da igual que no tengamos más que intuiciones, que hayamos escuchado rumores, nuestro sentido de inferioridad hace que nos escudemos en la rabia y queramos herir a quienes creemos culpables de un sufrimiento que solo nos hemos hecho nosotros mismos. Eso no solo les pasaba a las brujas, sino que ha sido motivo de eternas disputas que han acabado en baños de sangre. Desde allí hasta abajo, una amplia gama de injusticias, malintencionados comentarios, peleas entre miembros de una misma familia, entre antiguos amigos, parejas, o entre vecinos. Es muy fácil transigir al temor de ser ridiculizado por un hecho y hacer culpable al otro. Un ejemplo son los celos. Y es que resulta curioso que las principales testigos de cargo en los juicios de Salem fuesen mujeres declarando contra mujeres, y que fuesen los hombres el brazo ejecutor de la venganza. Es fácil prejuzgar al vecino añadiendo algunas gotas de envidia, otras de frustración, y algunas de rencor, para acabar conformando un veneno que muchas veces hace que el propio envenenador se crea sus fantasías. ¡Qué mala ha sido siempre la frase del refrán Piensa mal y acertarás!, que ha acabado siendo un escudo para todo aquel que no tiene entre sus manos más pruebas contra otro que su propia mala conciencia. Y por eso tampoco las pobres brujas de Salem tuvieron un juicio justo, mientras sus delatantes y jueces durmieron bien el resto de sus días, pensando que habían obrado con dignidad. ¿Quienes eran las verdaderas brujas?...¡Qué lejos les quedaba, aún nos queda, el alma humana!