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13 de octubre de 2010

La mujer de hielo y el movimiento del caballo.

mujer22jz

Desde luego, el movimiento del caballo del ajedrez es, aplicado a la vida, el mejor de los movimientos posibles. Mientras que la mayoría de movimientos son unidireccionales, el del caballo tiene ocho posibilidades, de las que podemos escoger la más conveniente para nosotros. El caballo puede moverse dos casillas a la derecha, una hacia arriba o abajo, o dos a la izquierda y una hacia arriba o abajo. Y también una a la derecha y dos arriba o abajo, o una a la izquierda y dos arriba o abajo. Trasladado a la realidad vital de cada uno, mientras que en la mayoría de decisiones tenemos dos caminos, si o no, blanco o negro, o como mucho tres, que es no hacer nada, imaginarse tener ocho opciones es realmente difícil, casi imposible. Poder escoger entre esas ocho posibilidades ante un problema, una decisión, sería magnífico.

Beatriz, pongamos que se llama así, es una mujer de suerte. Su marido, ella es tradicional para eso y no le gusta llamarlo pareja, es un ejecutivo en una empresa que se dedica a ensamblar motores de aviones, y aunque el nivel adquisitivo que tienen es elevado, siguen viviendo en un apartamento en el centro de la ciudad. Sus tres hijos varones van a un buen colegio, eso si, sin excesos, ya que llamémosla Beatriz no cree que la educación, la buena, vaya ligada a pagar mucho. Eso, siempre ha pensado, es pura apariencia. Y ella dedica sus días a administrar la casa, que hay que ver qué poco cunde el tiempo. Porque claro, llamémosla Beatriz también tiene un amante, llamémosle a él Gerardo, compañero de trabajo de su marido, él también casado, y al que conoció en una cena de empresa, hace dos años ya.

Y todo le funcionaba bien en esa vida a llamémosla Beatriz, aparte de tener algún punto de remordimiento ante el matrimonio, hay que ver lo que hace la cultura católica, que ha ido solventando a base de espaciar cada vez más los encuentros amorosos con llamémosle Gerardo. Parecía haber encontrado el equilibrio entre los remordimientos y la necesidad de experimentar cosas que nunca antes había sentido, hasta que un día, sin saber realmente cómo, encontró un papelito doblado en uno de los bolsillos de un traje de XXX, a este no le pondremos nombre, ni siquiera figurado, no por intimidad, sino por ser tan tonto. En el papelito, escrito con una caligrafía claramente femenina, dos palabras. Te necesito. Al principio a llamémosla Beatriz casi le salta el corazón de sus generosos pechos. ¿Te necesito? Eso no parecía una nota de trabajo. Porque, ¿quien escribía algo como eso en un papelito? Alguien por trabajo, desde luego no. Alguien del trabajo, posiblemente. Alguien femenino con intenciones más allá que laborales, seguro. Llamémosla Beatriz se sentó en la cama, desolada. Sentía dentro suyo una furia increíble. ¿Por eso llevaban tanto tiempo sin acostarse juntos?¿Cómo XXX podía hacerle esto? Y quien le dijese que ella llevaba dos años haciéndoselo a él, es que no tenía perspectiva. Ella era ella, lo había dejado todo por él, había abandonado su trabajo por él, estaba criando a sus tres hijos.¿Qué más quería XXX de ella? ¿Acaso llamémosla Beatriz no se merecía vivir nuevamente un romance en su vida, si ya entre ella y XXX no había más que pura formalidad? Era injusto que él fuese feliz con otra, seguro que su secretaria. Y ahora, visto lo visto, ¿qué podía hacer? O hablaba con él y luego lo dejaba para siempre, quedándose con todo, eso si, se había acabado llamémosle Gerardo, o no decía nada, seguía viviendo la mentira, ahora dos mentiras, de su apacible y tranquila vida, y exprimía a llamémosle Gerardo hasta la última gota. Dos venganzas posibles. Dos satisfacciones. Incluso tenía una tercera posibilidad, y era pegarle un tiro a XXX, pero en ese caso la satisfacción duraría poco, y tendría que pagar un elevado precio por hacerlo. Cayó estirada en la cama. XXX salió del baño, cubierto solo con una toalla, y miró el papelito en la mano abierta de llamémosla Beatriz. No la miró a los ojos.

-Siento que hayas tenido que enterarte así. No era mi intención hacerte daño, de verdad quería contártelo, pero ahora ya es tarde.-XXX se sentó a su lado.- Conoces bien a mi compañero llamémosle Gerardo.-A ella le dio un nuevo vuelco el corazón, él lo sabía.XXX tardó unos segundos antes de hablar.- Pues la verdad es que él y yo nos queremos, y nos vamos a vivir juntos.-Ahora llamémosla Beatriz creyó morirse.- ¡Ah!, y cariño, quiero llamarme YYY.

La de vueltas que da la vida, ¿verdad? Cuidado siempre con el movimiento del caballo, que este puede sorprendernos incluso cuando menos lo esperamos y acabar deshaciéndonos como cubitos de hielo.